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yo
no escapo
no
me oculto
ni
pido la pureza de la tarde
en
la virtud de sus falanges
corre
en mí la soledad
como
la fe en un monje ciego
como
el agua en la arteria de una hoja
un
secreto galopado en el silencio
porque
he despertado en el vértigo
y
soy agradecido
de
los vacíos absolutos
numerosos
y ambiguos
que
hoy me sostienen como piernas
mi
soledad
es
la isla en su límite
las
gotas generosas de
una
lluvia esperada
ella
me traerá en la tarde
sus
aguas urgentes
la
cerrazón de sus aristas
su
lúcida cadencia
mi
soledad es inquieta y voraz y suplicante
mi
soledad es un monje ciego que sonríe
.
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