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Entradas

Nuevo domicilio: San Martín 1484

. (mención honorífica del Premio Provincial de Poesía, Sunchales, 2024)  Aprendí muy pronto que un barrio sin nombre es una cosa seria. Casi-boulevard , supongo; casi-centro , seguro. Casi-todo y casi-nada , como yo, que tenía diecinueve y descubría que un barrio sin nombre era una cosa seria.   Lejos del pueblo, me buscaba en las calles de una ciudad extraña, y marcaba sus lugares en mi duro mapa de quebrantos, en el vacío insular del monoambiente.   Porque…¿podía ser real lo innominado? Así hablaba “Zaratustra”, el profeta que vendía milanesas en la fritanga de la cuadra: “ Esto no es el centro, pibe. Tampoco es un barrio. Acá nada tiene nombre,   ni siquiera los gatos que se pasean por los techos. Pero no te deprimas: vaya de regalo esta porción de papas fritas…”   Tuve ahí mis borracheras, mis iniciaciones.   Y bautismos que se parecieron, en buen grado, a los Ahogamientos de Nantes: vi a un tipo suicidarse ...

Aguas urgentes

  . yo no escapo no me oculto ni pido la pureza de la tarde en la virtud de sus falanges   corre en mí la soledad como la fe en un monje ciego como el agua en la arteria de una hoja un secreto galopado en el silencio   porque he despertado en el vértigo y soy agradecido de los vacíos absolutos numerosos y ambiguos que hoy me sostienen como piernas   mi soledad es la isla en su límite las gotas generosas de una lluvia esperada   ella me traerá en la tarde sus aguas urgentes la cerrazón de sus aristas su lúcida cadencia   mi soledad es inquieta y voraz y suplicante mi soledad es un monje ciego que sonríe . .              

El Río Decimal (frag. VIII y XI)

. VIII se levanta en resplandor el grial de la mañana y lo obstinado de mi voz queriendo amedrentar aquel silencio   soy yo: la perpleja sintonía de un anhelo, yo, en la orilla desnuda de un río decimal   una ola rompe huérfana de un buque lejano que vivió a nuestros ojos un instante insuficiente porque no hay imagen cautiva en la memoria del río   todo se apresura: su veracidad compacta su huida incesante su grave flotar de pato   (zancan en el aire sus bestias imaginadas, la ciudad se encoge y le teme)   el río es un buque inasible que se aleja, un absoluto que siempre acaba de pasar   el río es tiempo que corre en el agua mis pies se hunden en la arena...           IX …en tu arena, Paraná donde chispea el rocío como un sembrado de diamantes   de boyas y balsas se desgajan canciones   en tu orilla reposan mis estribores cansados . . ...

Maipú y 27 de febrero

. . estos versos quieren honrar la imagen de ese quiosquito de revistas de mil novecientos diez hoy abandonado a los grafitis a los orines nocturnos y a los fantasmas      de viejos folletines anarquistas reliquia fraguada en épocas propensas al despojo y a crear tristes capuchones de la historia aun cuando hay destellos crepusculares y tenaces      que dejan mentido al tiempo . .

Dilemas (ars poética)

  ¿en qué cuerpo de nosotros se salvaron las ropas del olvido? ¿por qué torpes las palabras      / se estrellan en durísimas neblinas? ¿qué hacer con esas horas espinales      / que resienten las caderas de la noche? ¿será barrer estropicios      / del piso de los andenes? ¿o trepar las alambradas      / que nos separan de los miedos? ¿por qué emplumar de virtudes      / a ciertos búhos del silencio como si fuesen almas mal cosidas      / las que escriben malatintas? quiero decir, poema: ¿por qué soy tu impávida evidencia del mismo modo que un barco      / la impávida evidencia del río es? .
 

San Lorenzo

para bien o para mal tres nudos franciscanos amarraron tus costillas hija de una pluma diamantina de una furiosa marea de fe en entrevero con hiedras esmeraldas soles temibles, voluntad de tapiales así ocurrió la nidación en ramitas de eucaliptus, y hoy entre sus hojas trepida la infinitud que nos encuentra ¿podía tu espalda dulce alunarada ser blanco sugerente de topacios? ¿o era la fiebre de una jungla lo que ardía en tus mejillas? yo recuerdo llevabas beatles zurcidos en los labios y la piedad del cántaro en la mano como si de tu agua dependiesen locos, farsantes, mercaderes, estibas, poetas, abogados… dame una vez más, dame la canción aquella que decía: “en mi vida, los he amado a todos” . . .